miércoles, 24 de agosto de 2016

2.

Intentaba escribir una historia sobre un orfanato regentado por una pareja de ancianos enamorados, un orfanato que en época de guerra el gobierno decide usar como campo de investigaciones médicas y pruebas de sustancias. En un discurso memorable, un personaje oscuro explica enfáticamente a los ancianos los elevados propósitos de la Ciencia. Después, los niños son tratados como cobayas y empiezan a enfermar y a morir, y el director del orfanato es poseído por un nerviosismo extraño. Hay muchas conversaciones acerca del progreso que mantiene consigo mismo, todas en un tono agitadísimo. En cambio, los científicos y las enfermeras, en particular el hombre que está a la cabeza del proyecto, un tal doctor Contreras, éstas personas tienen un comportamiento completamente sereno, y se sujetan a los procedimientos como si siempre hubiera un procedimiento a seguir, y es de sospechar que incluso ríen y aman y suspiran conforme a los procedimientos. Los niños son enterrados en en el mismo parque donde juegan los niños. La mujer del director se vuelve loca de tristeza y entonces tienen que llamar a un psiquiatra, pero el psiquiatra se alía con el doctor Contreras, y empiezan a trabajar conjuntamente en los niños, que también terminan volviéndose locos. Finalmente, el director del orfanato se suicida y la mujer acaba corriendo por los bosques y la ciencia avanza.

Digo que intentaba escribirlo. He pasado quince horas seguidas escribiéndolo. Ni siquiera he ido a clase, ni siquiera he comido. Ahora he borrado las veinte páginas. Lo he borrado de forma que sea irrecuperable. También quisiera borrarme a mí mismo de manera irrecuperable. Quisiera dejar de razonar, de pensar, de circunscribir mis pensamientos a historias simbólicas, quisiera poder tumbarme en la cama e imaginarlo todo sin necesidad de huella alguna. Ese orfanato era mi alma, y yo no quiero que quede nada de mí, ni siquiera mi alma, esa especie de trapo al viento que dicen que acompaña.


 ¿El sueño de la razón produce monstruos? No. Los monstruos producen al sueño de la razón.


Luz azul.

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