martes, 23 de agosto de 2016

1.

Escribo con los ojos casi cerrados y sin saber cuál será la palabra siguiente. Estoy cansado. Hoy me he derrumbado varias veces sobre diversos lugares, turbio como si me muriera. Mi cuerpo, yo lo pensaba así después de cada desmayo, mi cuerpo como cuerpo dejaba de tener ilusiones, y por lo tanto dejaba de tener funciones, y sólo le quedaba caerse por alguna parte, derrumbarse como única justicia. Sobre el suelo, sobre la cama, involuntado, con la luz ronca llena de piel desvanecidamente mía.

Escucho una música. Intento distraerme. He prometido varias cosas a varias entidades, unas están vivas y otras no. Una promesa fue la de no distraerme, creo. Otra, no morir. Voy por el mal camino. He vuelto a abrir ésta página web con la intención de que sea un secreto para mí mismo. Que nadie la lea como si leyera a alguien. Que nadie se comunique conmigo. Con un muerto, con alguien que absurdamente se debe a diversas entidades, la mayoría sin vida o desesperanzadas, y alguien que, por tanto, está más bien muerto. Debería dormir, estoy empezando a ver insectos terribles por el rabillo del ojo, negruras que vibran y se despliegan desde las esquinas de mi habitación, es decir, de mi mirada.

Me apago cerillas en la palma de la mano hasta que me entra un sueño insoportable. El dolor cansa, y aún más controlar los impulsos con los que la carne pretende huir del foco de dolor. Me apago cerillas en la palma de la mano hasta que me dan ganas de dormir. Y quedo varado pensando en cisnes. Me voy a dormir al fin. Procuraré volver mañana temprano aquí. Quizás lo necesitaré como ahora, ésta otra forma de callar. Hay una música jubilosa en mi oído, pero podría no haberla.


Luz azul

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