domingo, 5 de febrero de 2017

El viento



Ayer creímos que bastaba despreciar lo que el hombre logra, hoy sabemos que debemos despreciar además lo que anhela.
NGD


Muy entrada la noche, me encontraba yo todavía sosteniendo con las manos la fantástica novela de Elsa Pilgrim titulada “No hay navíos ateos” e inquietantemente subtitulada “...ni dios en los mares”. Acababa de leerla, y era tal el constante arrebatamiento de esas quinientas páginas que apenas me acordaba ya de la última frase. Con lágrimas en los ojos, trataba de recordar el orden de aquellas palabras, pero todo estaba desvaneciéndose en mi pobre memoria, sin piedad, como corresponde a la hermosura... ¿Cómo era? “sólo llamas a la vista, y sus éxtasis son de humo.” No, no. “sólo ven llamas y sus éxtasis son humo” ¡Oh! ¿Lo he olvidado? “Llamas sus ojos, humo su éxtasis...

A pesar de mi confusión, en seguida empecé a prestar atención a unas extrañas cacofonías que provenían de una de las paredes de mi habitación. Sonaban como aullidos muy suaves, cada vez más agudos, que duraban veinte segundos, callaban y después volvían a protestar. Supuse que era el viento corriendo por las tuberías. ¡El viento, el viento! ¿Qué cantas, viento, qué te pasa? ¿Echas de menos la monotonía? ¡Oh, viento necesito tu ayuda, necesitaría hablar contigo! Abrí como un poseso la ventana, miré por un segundo la oscuridad exterior y una ráfaga muda me golpeó con tanta fuerza que casi me tira al suelo.

  • ¡Viento! ¿Es verdad que no obedeces, o que puedo entregarme tranquilamente a tu figura? ¿Sabes que Elsa escribe “viento” para tapar la palabra “Dios”?
  • Uuuuuuuu....
  • Sí, a mí también me parece que las palabras casi siempre hacen el ridículo, pero que cuando no lo hacen resultan peligrosísimas. Pareces cansado y feroz... Viento, viento, ¡pero yo te he visto también arriba, en las estrellas, donde se estiran los cromosomas y casi no se envejece...! ¿quieres que me vaya contigo? ¿Ésta noche? Yo no tengo nada que hacer, ya ves... Estoy muy solo.
  • Auuuuuuuu....
  • ¡Pues nada, dicho y hecho!

Me vestí tan deprisa como pude y salté a la calle, a la noche. Allí los árboles se agitaban tanto que arañaban el suelo con las ramas, y entre las sombras de los edificios esta vez el viento sí ululaba tremendamente, entonando largos cánticos más claros y profundos, de agonía adoradora... Soplaba tan fuerte que, al caminar por esas calles hechas garganta, tenía en algunos casos que empujar el aire con las manos, y en otros casos, cuando el viento golpeaba mi espalda y la parte trasera de mis piernas, caminar era como volar, y me daban ataques de risa mientras tanto. Levantaba un pie para dar un paso y el viento me empujaba la pierna hacia adelante, y aún no se había posado esa pierna cuando, al levantar la otra para dar otro paso, ocurría exactamente lo mismo: la segunda pierna, llevada por el viento, daba ella sola una patada en el aire, ¡y yo volaba! También podía tumbarme de pie en la corriente de aire. Se apoderó de mí entonces una euforia sin límites, y empecé a hablar con el viento, y juraría que él me respondía:

  • ¿Eh? ¿Estás ahí, amor mío?
  • Duuuuuuuu....
  • ¡Bueno, ya somos dos! Y tranquilo, que tampoco para mí es todo perfecto. ¡Pero ya será menos, ya será menos! Además, no es tan obvio el laberinto, no... Créeme, yo también he frecuentado la confusión. ¡Y luego la he confundido con la tristeza! Y sin embargo, queda algo que...
  • Yauuuugghhhhhhhh.....
  • No, no te preocupes... puedes interrumpirme siempre que quieras. Pero yo a ti también, ¿está bien? ¡Te desafío, viento querido! ¡Niégame, viento! ¡Más fuerte, sopla más fuerte! ¿Es que no me vas a asustar nunca?
  • ¡¡¡¡¡¡¡¡UUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU...!!!!!!!!!! CRACK, CLRRUAJ
  • ¡Creo que te has equivocado y has matado a ese árbol en vez de a mí! Pero bueno, está bien, está bien, ahora sí me has asustado un poco... Y por cierto, oye, viento, tengo una pregunta que hacerte. Es la misma pregunta que me hago a mí mismo demasiado a menudo desde hace casi dos años, y para la cual no tengo todavía ni las ganas de responder siquiera. ¡Pero igual tú sí las tienes! A ver, ¿tú crees que es deseable poder darse órdenes a uno mismo? Es decir, ¿es deseable poder hacer promesas y cumplirlas? Tú ya sabes que no tengo muchas fuerzas, que no quiero tenerlas...
  • Uu...
  • ¡Porque ya estoy enterrado! Pero a ver, a ver, ¿qué me dices? ¿Qué es una promesa?
  • GuuuuUUUUUUU....
  • No, tú no puedes ser tan miserable, no puedes hacerme eso. ¿Esperas que me crea algo así? ¿Con que esa triste tacañería es toda la verdad del universo? ¡Pues bien, entonces yo haré otra nueva!
  • Uuuuu...
  • No, no me calmo, no...

Entonces un inmenso camión de la basura apareció rugiendo a toda velocidad desde el fondo de la calle, y en seguida yo supe que no iba a poder dar la curva tan pronunciada que tenía frente a mí, y que el viento lo iba a hacer volcar. Me aparté corriendo y contemplé la escena. Todo ocurrió tal y como yo había imaginado. Al tratar de girar, el camión blanco quedó primero suspendido silenciosamente sobre sus dos ruedas laterales, con las otras dos en el aire, como una bailarina de ballet. Muy despacio, fue inclinándose más y más hasta que cayó de lado con un estruendo horrible, y toda la basura se esparció por el suelo y echó a volar por el cielo lleno de nubes apresuradas. Aquella basura no era una basura común: eran todo trapos, telas, hilos y papeles de colores claros, como el propio camión. Yo corrí hacia la cabina del conductor, pero encontré que estaba también llena de esa extraña basura. Removí con mis manos los desechos y no pude encontrar persona alguna. ¿Quién conducía ese camión? Un camión tan blanco... Y, por otra parte, una basura tan blanca... Miré arriba, adonde imaginaba que el viento tendría sus aposentos, y susurré, atemorizado:

  • ¿Has sido tú?

De pronto noté un líquido corriéndome por el cuello y por la espalda. Sintiendo un mareo muy espeso, me llevé una mano a la nuca y palpé una herida que no sabía cómo había llegado hasta allí. Me dejé caer sobre el suelo, completamente desarticulado, con el viento entrándome por los ojos entornados, enfriando el interior de mi cráneo.. Miré la otra mano, sorprendido: todavía no había soltado el libro de Elsa Pilgrim.

miércoles, 24 de agosto de 2016

2.

Intentaba escribir una historia sobre un orfanato regentado por una pareja de ancianos enamorados, un orfanato que en época de guerra el gobierno decide usar como campo de investigaciones médicas y pruebas de sustancias. En un discurso memorable, un personaje oscuro explica enfáticamente a los ancianos los elevados propósitos de la Ciencia. Después, los niños son tratados como cobayas y empiezan a enfermar y a morir, y el director del orfanato es poseído por un nerviosismo extraño. Hay muchas conversaciones acerca del progreso que mantiene consigo mismo, todas en un tono agitadísimo. En cambio, los científicos y las enfermeras, en particular el hombre que está a la cabeza del proyecto, un tal doctor Contreras, éstas personas tienen un comportamiento completamente sereno, y se sujetan a los procedimientos como si siempre hubiera un procedimiento a seguir, y es de sospechar que incluso ríen y aman y suspiran conforme a los procedimientos. Los niños son enterrados en en el mismo parque donde juegan los niños. La mujer del director se vuelve loca de tristeza y entonces tienen que llamar a un psiquiatra, pero el psiquiatra se alía con el doctor Contreras, y empiezan a trabajar conjuntamente en los niños, que también terminan volviéndose locos. Finalmente, el director del orfanato se suicida y la mujer acaba corriendo por los bosques y la ciencia avanza.

Digo que intentaba escribirlo. He pasado quince horas seguidas escribiéndolo. Ni siquiera he ido a clase, ni siquiera he comido. Ahora he borrado las veinte páginas. Lo he borrado de forma que sea irrecuperable. También quisiera borrarme a mí mismo de manera irrecuperable. Quisiera dejar de razonar, de pensar, de circunscribir mis pensamientos a historias simbólicas, quisiera poder tumbarme en la cama e imaginarlo todo sin necesidad de huella alguna. Ese orfanato era mi alma, y yo no quiero que quede nada de mí, ni siquiera mi alma, esa especie de trapo al viento que dicen que acompaña.


 ¿El sueño de la razón produce monstruos? No. Los monstruos producen al sueño de la razón.


Luz azul.

martes, 23 de agosto de 2016

1.

Escribo con los ojos casi cerrados y sin saber cuál será la palabra siguiente. Estoy cansado. Hoy me he derrumbado varias veces sobre diversos lugares, turbio como si me muriera. Mi cuerpo, yo lo pensaba así después de cada desmayo, mi cuerpo como cuerpo dejaba de tener ilusiones, y por lo tanto dejaba de tener funciones, y sólo le quedaba caerse por alguna parte, derrumbarse como única justicia. Sobre el suelo, sobre la cama, involuntado, con la luz ronca llena de piel desvanecidamente mía.

Escucho una música. Intento distraerme. He prometido varias cosas a varias entidades, unas están vivas y otras no. Una promesa fue la de no distraerme, creo. Otra, no morir. Voy por el mal camino. He vuelto a abrir ésta página web con la intención de que sea un secreto para mí mismo. Que nadie la lea como si leyera a alguien. Que nadie se comunique conmigo. Con un muerto, con alguien que absurdamente se debe a diversas entidades, la mayoría sin vida o desesperanzadas, y alguien que, por tanto, está más bien muerto. Debería dormir, estoy empezando a ver insectos terribles por el rabillo del ojo, negruras que vibran y se despliegan desde las esquinas de mi habitación, es decir, de mi mirada.

Me apago cerillas en la palma de la mano hasta que me entra un sueño insoportable. El dolor cansa, y aún más controlar los impulsos con los que la carne pretende huir del foco de dolor. Me apago cerillas en la palma de la mano hasta que me dan ganas de dormir. Y quedo varado pensando en cisnes. Me voy a dormir al fin. Procuraré volver mañana temprano aquí. Quizás lo necesitaré como ahora, ésta otra forma de callar. Hay una música jubilosa en mi oído, pero podría no haberla.


Luz azul